Comunicación Interna Cocreada y Crowdthinking [VIDEO COMPLETO]

01/10/2014 Alejandro Formanchuk

Comunicación Interna Cocreada, Cultura Abierta, Crowdthinking, Liderazgo Participativo, Poder distribuido… Conceptos que están impactando en la forma de ser y de hacer una organización y que analizo en esta entrevista.

 

A continuación te comparto 3 videos en donde converso sobre estos temas:

 

  • Cómo el poder de la red está determinado por el uso, no por la tecnología
  • El paso de los medios masivos a la comunicación descentralizada
  • La falacia de pensar en términos dicotómicos entre lo digital y lo analógico
  • Las lógicas de comunicación en el mundo 1.0 y 2.0
  • La Comunicación Interna Cocreada y el nuevo modo de generar comunidad
  • El cambio del rol clásico del líder a partir de la redistribución del poder
  • El trabajo colaborativo, participativo y distribuido
  • La vinculación entre la comunicación interna y la cultura organizacional
  • Las barreras para lograr una cultura abierta y 2.0 en las empresas
  • Cómo cambia el 2.0 La democratización del acceso a la información
  • La economía post-Gutemberg
  • El desafío de la curaduría de contenidos en la Comunicación Interna Cocreada
  • Cómo impacta el 2.0 en la forma de trabajar y las prácticas sociales
  • Pensamiento en red y la Comunicación Interna Cocreada
  • Cómo se puede aprovechar la inteligencia colectiva
  • Qué significa participar y cómo puedo extraer valor de la interacción

 

 

 

 

 

Algunas ideas más sobre Comunicación Interna Cocreada…

Los flujos de comunicación son energías preciosas para ser plasmadas en lenguaje artístico. Me encanta la obra del italiano Marco Bagni, porque siento que explica la complejidad del mundo de la comunicación con una poética potente.

Todavía hoy muchísimas empresas me piden estrategias de comunicación interna donde estén contemplados los flujos de mensajes ascendentes, descendentes y horizontales. Y siempre les explico que, desde mi punto de vista, estos modelos de concebir la comunicación están siendo dinamitados porque las empresas son redes con hubs, nodos y lógicas que no se pueden encorsetar en las teorías de organizaciones piramidales. No es nada nuevo, la ad-hocracia de Toffler orilla estas cuestiones hace muchas décadas.

En el mundo de las empresas se experimenta la pirámide. Los que trabajamos en temas de cultura organizacional muchas veces tenemos que buscarle la curvatura a esta forma para que los “hilos” formen un dibujo superador, un mandala, un paisaje. Un entramado que permita respirar mejor a los cuerpos.

La pregunta que siempre me realizo es de qué modo la estructura organizacional condiciona los flujos de comunicación (cultura verticalista, comunicacion verticalista, etc) y de qué modo la comunicación puede hacer cambiar la estructura. Es decir: cómo recuprar el concepto de “estructurante” a una dimensión “estructurada”. Como alimentar lo instituyente en lo instituído.  En definitiva: cómo comienza el cambio.

El libro El Estado-inconsciente, de René Lourau, editado por Terramar, tiene palabras iniciales de Christian Ferrer, a quien tuve el placer de tenerlo como docente en la Universidad de Buenos Aires, y que aportan valor para este tema. Cito:

El poder y los procesos de institucionalización comparten la forma de la pirámide. Es tan antigua que parece haber estado en el mundo desde siempre; es tan sólida que agobia la sola idea de confrontar con ella; es tan hipnótica que ninguna otra figura logra atraer la misma atención.

La pirámide, ese laberinto vertical, ha sido construida según planes y principios jerárquicos tan enraizados en la comunidad que la imaginación política solamente concibe el ascenso a la cúspide, peldaño por peldaño, y el hecho de que, en algunas épocas, personas o voluntades mancomunadas hayan pretendido derribarla suscita el asombro más que el rechazo.

La voluntad de cambio siempre se licuó en la horma acostumbrada, como si la jerarquía hubiera sido grabada a fuego en el alma y el cuerpo de cada ser humano, un suceso que ocurre muy tempranamente en la vida.

No amar el sometimiento y desdeñar el sitio del amo parecen imposibilidades de la historia, poco menos que tabúes.

La contraparte del proceso de institucionalización no supone únicamente un pueblo desbaratado o impávido, sino un cómplice deseo de ley. La rendición es voluntaria. El poder da forma a la personalidad clavándola a su cruz, pero es auxiliado por el instinto de libertad vuelto contra sí mismo.

Como un entrometido que acaba transformado en huésped indeseable pero rutinario, la técnica de la dominación regula a la persona desde su propia vida psíquica. Es el misterio del autosometimiento, una desventura humana, que no requiere tanto del quebrantamiento de las resistencias como de una intrusión originaria sucedida en la infancia que luego progresa por “mantenimiento del sistema”, haciéndonos vulnerables al principio de autoridad.

Esta subordinación es desesperante, un círculo vicioso, puesto que el veneno neutraliza al posible antídoto y la metamorfosis del esclavo en amo se hace inevitable.

 

 


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